Familia Finschi: con el tenis de mesa en la sangre

Familia Finschi: con el tenis de mesa en la sangre

Por Prensa ADESUP

Francisco es entrenador de las selecciones de tenis de mesa de la Universidad Andrés Bello; Diego integra el equipo de varones, y Francisca, el de damas. Pero además de vestir la camiseta de la UNAB, los tres tienen en común algo aún más especial: el vínculo de padre e hijos, unidos por el apellido Finschi.

Diego Finschi Manríquez (22), es estudiante de cuarto año de la carrera de Enfermería, y además de participar en el campeonato LDES desde que ingresó a la UNAB, ha competido en diferentes torneos regionales, nacionales, sudamericanos y Copas América, siendo el número uno de la región del Biobío en la categoría Todo Competidor durante el año 2017.

El joven deportista cuenta que empezó en el tenis de mesa desde los 7 años, motivado por su padre, de quién dice que heredó la técnica y el carácter. “Cuando estamos los cuatro en familia, hablamos de tenis de mesa, pero excluyéndonos, para evitar conflictos y no ‘picarnos’ (ríe). De repente tenemos opiniones diferentes con mi papá, y es complicado al ser el entrenador del equipo, porque a los dos nos gusta ganar, y si no ganamos, discrepamos un poco”.

Diego cuenta que además, de esta disciplina, con sus padres y hermana comparten un rito: “Como familia nos gusta ir harto a la playa a jugar a la pelota con nuestros perros; el fútbol también nos gusta mucho, aunque seamos de equipos distintos”.

Más allá de las diferencias de opinión que en ocasiones tiene con su padre como entrenador, el tenimesista destaca con orgullo: “Mi papá siempre está para nosotros; podemos ir perdiendo, pero él siempre nos va a estar dirigiendo y apoyando. Hay técnicos que cuando sus jugadores van perdiendo, se rinden, pero mi papá no. Siempre se queda hasta el final. Y eso lo agradezco mucho”.

En el caso de Francisca Finschi Manríquez, su primer acercamiento al tenis de mesa fue cuando tenía 5 años de edad, y al ingresar a la Universidad, la hoy estudiante de tercer año de Medicina siguió los pasos de Diego para competir en LDES, pese a lo demandante de su carrera. “Empecé a entrenar desde pequeña por la influencia de mi papá y de mi hermano, y desde ahí estuve harto tiempo manteniéndome en la práctica de la disciplina. Gracias a UNAB he estado en LDES y pertenezco a un equipo súper competitivo, así que estoy súper feliz con las chicas”.

Francisca toma con humor las diferencias que ha tenido con su padre como entrenador: “Al principio, cuando chica, el entrenamiento empezó como un juego, pero con el paso del tiempo se puso un poco más complejo porque uno quiere ganar, y si uno pierde, ¿dónde queda el legado familiar? (ríe). Pero con mi papá hay una muy buena relación; es muy buena onda”.

La joven deportista comenta que como familia tienen una vida “aparte” del tenis de mesa, pero que es inevitable abordar el tema. “Generalmente evitamos enfocarnos sólo en esto, pero igual lo hablamos y jugamos en casa. Hasta mi mamá de repente juega y ‘le pega’ (ríe).

A diferencia de su hermano, Francisca dice haber heredado de su padre la empatía por la práctica deportiva: “Uno cuando juega no ve a una persona como un simple rival, sino que haces buenos amigos, y te encuentras con gente que ves de chica, y eso es genial”.

¿Quieres aprovechar esta entrevista para decirle algo a tu papá como entrenador?

“Nunca le he dicho esto a mi papá, pero es un súper buen papá y lo quiero mucho” (concluye emocionada).

EL ORIGEN DE LA PASIÓN

Francisco Finschi Rosales comenzó a jugar tenis de mesa hace 36 años, y narra con precisión cómo su vida ha estado ligada a este deporte: “Cuando chico jugaba fútbol y por un primo entré a Huachipato a los 9 años para jugar tenis de mesa, y de ahí no paré más. Hoy sigo jugando a nivel regional e interregional por la Asociación Huachipato; soy campeón senior y el año pasado estuve entre los tres primeros en la categoría Todo Competidor. Pero actualmente, como no estoy entrenando mucho, estoy jugando más por hobby”.

¿Cuándo se convirtió en entrenador?

“Estaba terminando de estudiar en la Universidad y nació mi primer hijo; haciendo la práctica me contactaron para convertirme en técnico, y como claramente tenía la necesidad de trabajar, eso hice. Con el paso del tiempo me perfeccioné y hoy soy técnico ITTF nivel 2 de la Federación Internacional de Tenis de Mesa. Trabajo en el Colegio Concepción de San Pedro de la Paz; en el Team de Coronel y desde hace cuatro años en la UNAB, cuando se abrió el taller de la disciplina”.

Aunque actualmente el tenis de mesa es una práctica habitual en su familia, el reconocido deportista coronelino comenta que esto no fue algo sencillo. “A mi señora siempre le gustó el deporte, pero hubo un tiempo en que estuve ligado a la Selección con la parte técnica y me tocó viajar mucho. Así que prácticamente a ella tuvo que gustarle sí o sí que yo estuviera ligado a esta disciplina. No tenía otra opción” (ríe).

Al consultarle si ha sido muy complejo ser papá y entrenador a la vez, el técnico sonríe, se toma unos segundos y luego responde: “Cuando Diego y Francisca eran pequeños había que enseñarles, y era frecuente que hubiesen peleas porque es muy diferente tener un entrenador común y corriente que tener a tu papá en ese rol; entonces era complicado y se metía hasta la mamá en las discusiones (ríe). Pero ahora no es tan complejo, porque los chicos, al estar estudiando en la Universidad, tienen menos tiempo y ya no entrenan como antes. Ahora todo es más tranquilo”.

¿Qué características cree que heredaron sus hijos como tenimesistas?

“Creo que mi hija heredó la serenidad y Diego, la motivación y el gusto por este deporte”.

Así como ha enseñado a sus hijos, ¿se imagina continuando este legado a sus nietos?

(Ríe) “Sí, me gustaría que el tenis de mesa continuara en mi familia. Yo llevo muchos años en esto y en parte es muy agotador, pero creo que esta vez sería diferente, porque con los hijos uno es más estricto, y dicen que con los nietos uno es más regalón y mal enseñado. No he vivido la experiencia y creo que falta mucho aún, pero siento que sería así”.

Considerando su experiencia en esta disciplina, ¿hay algún mensaje que le agradaría entregar?

“Uno como tenimesista y entrenador tiene mucho que decir. Por ejemplo, me encantaría que la Universidad se dé cuenta del esfuerzo que hacen todos los jugadores (no sólo mis hijos) por desarrollar esta disciplina, y que no se tome como un deporte en masa, sino un deporte individual que juntos conforman una selección”.

¿Y algo que quiera decirles a sus hijos que como entrenador se haya reservado?

“Que estoy muy agradecido de ellos; los quiero mucho y los amo. En el tenis de mesa, dentro del partido, soy un poco más frío con ellos, al igual que con todos los jugadores, y siempre voy a querer que ganen. Creo que una sola vez, cuando Diego estaba más chico y necesitaba un resultado, me fui por el lado más tierno, más de papá. Pero no lo hago nunca… Por eso quiero que sepan que los quiero mucho, aunque no se los demuestre cuando están jugando. ¡Los quiero mucho!”.

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