Por Prensa ADESUP
“¡Vamos, chicos!”, alienta desde las gradas una joven madre, acompañada de su pareja y su pequeña hija. Es Patricia Rivera Parada (31 años), directora de Deportes de la Universidad San Sebastián, que cada semana – sagradamente – asiste a los partidos de las diferentes disciplinas para apoyar a los deportistas; gesto que no pasa desapercibido y que los estudiantes valoran y retribuyen con creces.
¿Cuándo comienzan a llamarte la atención los deportes?
Desde la Enseñanza Media tengo recuerdo de que el deporte siempre me gustó; en esa época entrenaba como velocista en atletismo, pero en general me gustaban todas las disciplinas y siempre tuve claro que quería estudiar Educación Física. El amor por los deportes siempre me movió.
Al egresar de la Enseñanza Media, reafirmaste tu vocación…
Sí. Al salir de Cuarto Medio mis ideas estaban claras y entré a estudiar Educación Física en el campus Las Salinas de la Universidad San Sebastián. Fui parte de la primera generación y conformábamos un grupo muy bueno: una generación de personas con muchas ganas de estudiar y hacer cosas, así que mi paso por la universidad fue muy grato, aunque no practiqué deportes, porque priorizaba asistir a clases y participar en actividades vinculadas a la carrera.
¿En qué momento descubres que tienes habilidades para la gestión deportiva?
En la práctica profesional me di cuenta que lo mío no era estar en un aula; descubrí que podía ayudar a generar otras instancias para que el deporte evolucionara un poco. Esa era mi meta: que el deporte se masificara. Y ahí me empezó a gustar la gestión deportiva.
¿Cómo logras convertiste en Directora de Deportes de la USS?
Salí de la U el 2007; en marzo del año siguiente hice un reemplazo en un colegio y en abril me llamaron de la USS y asumí como coordinadora de Deportes del campus Las Salinas. Estaba feliz, aunque con un poco de susto por ser mi primer trabajo de gestión, pero como conocía mis capacidades, me sentía bien. En 2009 me hice cargo también del campus Las Tres Pascualas, y trabajé en ambos hasta el 2010, cuando cerró la sede Salinas. Así que me quedé tiempo completo en este campus y un par de años después me ascendieron a directora de Deportes, que es el cargo que tengo actualmente en la Dirección de Asuntos Estudiantiles (DAE).
¿De qué manera contienes a los deportistas cuando no obtienen los resultados que esperan?
Acá a los estudiantes se les apoyan en diferentes ámbitos: deportivo, personal y académico, aunque el foco es que tengan claro que ellos vienen acá primero a estudiar, todo lo complementario tiene que ser un refuerzo constante; ellos tienen que sentir que tú estás aquí para lo que necesiten, y por eso mi oficina casi siempre se llena, porque ellos ven en mí el lado maternal del deporte.
Para mí lo fundamental es que lo pasen bien, más allá de los resultados, porque si bien la idea es que los equipos vayan mejorando su rendimiento, no es la meta principal, ya que la competencia es cada vez más fuerte y a la vez es lo que lo hace más entretenida.
Por ejemplo, el año pasado en la primera parte del campeonato de fútbol de varones, nos fue horrible, pero aunque perdíamos, nunca les dije a los chicos que tenían que ganar para ser mejores que otros equipos, sino que aludía a sus capacidades y los apoyaba diciéndoles: “vamos partido a partido: si ganamos, genial; si no, el próximo”.
A propósito de apoyo, eres una de las pocas directoras de deportes que se les ve en los partidos, ¿qué te motiva a asistir?
El apoyo fundamental es en los partidos; creo que es importante que ellos vean que tú vibras también con el deporte, y eso es vital para mí. Yo tengo una bebé de dos años y tengo a mi pareja que también vibra con el deporte, así que los tres vamos juntos a ver los partidos. Entonces lo hago porque me encanta mi trabajo, y porque además siento el apoyo constante de mi familia.
¿Y qué te dicen los estudiantes?
A los estudiantes les encanta que yo los vaya a ver, porque se sienten apoyados. Los chicos son súper celosos y regalones, entonces me hago el tiempo para ir a ver a todas las disciplinas (básquetbol, vóleibol, fútbol y atletismo); no hay favoritismos, aunque algunos deportistas son más cercanos y vienen con más frecuencia a la oficina, como los capitanes, porque son el nexo del equipo, y trato de ayudarlos en lo que pueda.
¿Cuál es el sello sebastiano en el ámbito deportivo?
El compañerismo, la alegría, la vocación por el trabajo bien hecho; en general la manifestación de los valores que tiene establecida la USS como sello, y eso se nota. Por ejemplo, a los chicos les importa mucho sus ramos, pero el amor que tienen por el deporte los hace ir de todas maneras a un partido.
El compromiso que tienen con lo académico y deportivo es alto, y la familia es importante. Conozco a casi todos los papás de los deportistas y algunos llegan a la mayoría de los partidos a alentar a los chicos. Así que compartimos con los papás, con los estudiantes, y aunque ganemos o perdamos, vamos a estar siempre unidos, porque somos como una familia que gira en torno al deporte. Aunque yo me considero la fans número 1, ese lugar prefiero dejárselo a los papás y convertirme en la número 2 (ríe).
Se nota que disfrutas lo que haces…
Si me preguntas, en este momento estoy feliz con mi función: tengo un equipo de trabajo y una jefatura increíble; siento que año a año vamos mejorando el apoyo a nuestros estudiantes y que podemos hacer grandes cosas. Por ejemplo, ahora se incrementó Deportes y abarca también Vida Saludable, un área muy necesaria para la comunidad estudiantil.
Tienes un cargo que implica harto trabajo; vas a los partidos y además eres mamá… ¿tienes tiempo para desarrollar otras actividades?
Sí. Estoy desarrollando mi tesis como parte de un Magíster en Gestión Deportiva y Actividad Física, pero es algo que finalizaré este año. En cambio, hay algo que realizo cada martes que es jugar baby fútbol con un grupo de amigas; me ayuda a liberar tensiones y a mantener mi estado físico, porque estando sentada en la oficina casi todo el día, es muy difícil mantenerse en forma. Uno tiene que hacerse el tiempo para todo; si uno quiere, puede.
Imagino que esto te sirve también como ejemplo para los chicos…
El compromiso de cada estudiante, de cada deportista por la USS es valorable; ellos mojan la camiseta cada semana y eso es un sello único. Cuando se titulan, uno ve lo emocionados que están y sabes que no sólo pasaron por la U, sino que tuvieron vida universitaria, y ese es el plus que le damos. Por eso estoy feliz: porque trabajo para ellos, pero recibo por su parte el compromiso, y esa es la mejor forma en la que me pueden pagar.


