Por Prensa ADESUP
Después de años de experiencia como jugador y entrenador de básquetbol, el “profe” – como le dicen los alumnos al actual Coordinador de Deportes de Duoc UC – se sacó el buzo para ponerse detrás de un escritorio. Y no se arrepiente, pues cada día ve en el crecimiento de los jóvenes deportistas, el fruto de un trabajo hecho con dedicación y cariño.
¿Cuándo nace su amor por los deportes?
Nace cuando empecé a jugar básquetbol a los 9 años; me venía ciertamente reflejado en mi primer entrenador, que fue quien me instruyó desde los 9 hasta los 16. Y en el colegio aparte de jugar básquet, jugaba fútbol y vóleibol; me gustaban los deportes y, por lo tanto, no había otra opción para mí que no fuera estudiar Educación Física.
¿Siempre le gustó más el básquetbol?
Siempre quise estudiar Educación Física para ser entrenador de básquetbol. Ese era mi sueño: no ser profesor de un colegio, sino ser entrenador de básquetbol. Pero en la medida que fui creciendo en edad, me fui dando cuenta que a lo mejor ser entrenador no era la opción más adecuada en comparación a un profesor de tiempo completo, porque el poder adquisitivo que uno lograba con eso quizás no era lo que uno necesitaba para vivir, sobre todo si quería formar familia. Entonces ahí dudé…
¿Pero logró cumplir su sueño?
Mientras estudiaba, tuve la opción en segundo año de ser ayudante de la cátedra de básquetbol en la U; un año el profe se fue a Estados Unidos y me quedé a cargo de la asignatura; salté a ser ayudante de un profesor al Colegio Salesiano con los menores y eso me abrió las puertas directamente: comprobé que tenía dedos para el piano, y que me era fácil trabajar con niños en Mini e Infantil. Y después todo se fue dando… Muy cerca de terminar mi carrera de Educación Física en la UdeC, tuve la oportunidad de llegar al Colegio San Pedro Nolasco; seguí ahí después que me titulé el año 97, y en una reunión de entrenadores por la ADICPA, alguien dijo que en Huachipato estaban buscando un profe de básquetbol para series menores. Yo levanté la mano y dije que estaba buscando trabajo, porque estaba recién egresado y quería dedicarme a esto. Me pidieron el currículum y quedé. Y ahí se cumplió mi sueño, absolutamente.
La de Huachipato, entonces, fue una etapa clave…
Sí, porque cuando fui entrenador de básquetbol se cumplió mi sueño. Y en Huachipato como entrenador conocí a mi señora (era la apoderada de una jugadora, ¡jajajaa!) y luego nació mi primer hijo… A esas alturas, yo trabajaba como entrenador en Huachipato; tenía algunas selecciones a cargo en Talcahuano, y tenía horas en el colegio Concepción de San Pedro: todo giraba en torno al básquetbol.

¿Y en qué momento decide dejar su rol de entrenador?
Por esas cosas de la vida, Inacap se quedó sin entrenador, y como ahí me conocían por todos los años que viví como jugador, me contrataron como profe. A las dos semanas me dijeron que iban a crear el cargo de Encargado de Deportes, y me preguntaron que si tenía medio día disponible, les gustaría quedarse con mi servicio. Y así fue: mantuve esa pega de mediodía y los entrenamientos de básquetbol hasta diciembre de 2003. Al año siguiente, Inacap se trasladó al nuevo edificio y me ofrecieron el trabajo en tiempo completo. Justo venía mi hija en camino, así que después de conversarlo con mi familia, decidí sacarme el buzo y ponerme detrás del escritorio.
¿Se siente desarrollado en lo profesional?
Sí. Fue algo que me llenó de gusto, porque me di cuenta que también era bueno formando equipos de trabajo. Permanecí muchos años en esa misma línea, y por cosas del destino llegué a Duoc el 2012 a hacer lo mismo que venía haciendo en Inacap, en un proyecto distinto en la forma, pero igual en el fondo. Acá es mucho más estructurado, lo que lo hace más llevadero y más fácil. Y sí: me siento totalmente desarrollado en lo profesional.
¿Qué es lo más difícil de la labor de Coordinador de Deportes?
Me conozco de memoria el tema del profesor que hace el rol de papá, de mamá, de sicólogo, de enfermero… Y ya casi nada sorprende, pues los casos generalmente son muy similares y hay patrones que uno puede utilizar para resolverlos. Lo único que a ratos es frustrante, es no poder contar con una instalación deportiva aquí en la sede para las actividades propias de los alumnos, de tal forma de aumentar el servicio, porque aumentaríamos también las horas de atención. Yo creo que eso es lo único que empaña que esto sea súper redondo. Todo el resto se arregla: está el personal capacitado, están los equipos colaborativos, los alumnos entienden, se ponen la camiseta, disfrutan. Ahora bien, esto no es invalidante, porque cada vez que necesito arrendar algún espacio, me apoyan.
Cuando un joven deportista se frustra por alguna derrota, ¿qué le dice?
Esa parte es sencilla: tenemos que hacerle ver a los alumnos que su frustración en el deporte tiene que servirle para saber controlar y tener a largo plazo una tolerancia a la frustración, entonces lo llevamos por el camino de: “cuando estés trabajando te va a pasar esto muchas veces y por lo tanto si no eres capaz de tolerar que perdiste un partido, probablemente no seas capaz de tolerar una decisión de tu jefe que tú no compartas. Entonces entendamos el fondo: el deporte en el Duoc compite de la mejor forma, en las mejores condiciones y hasta donde podemos competir, y cuando perdemos un partido, tenemos que lograr aprendizaje sobre ese partido. Lo que sea: un gol que no hicimos, un pase que no terminamos, una defensa mal hecha, y si eso fue muchas veces repetido, tendré que trabajar más en la semana. Entonces si logras dominar la frustración, vas a avanzar mucho en tu vida familiar y profesional”. Ese es el mensaje que también lo comparten los profes, y yo creo que el 80% de los chicos está feliz de lo que hacemos, aunque no hemos sido campeones nunca.

¿Por qué se logra eso en Duoc? ¿Cuál es el sello que lo hace ser distintos?
Yo creo que por la forma en que abordamos el trabajo y porque además yo siempre lo digo: los muchachos aquí jamás han usado un equipo sucio; el equipo lo usaste y se fue al lavado, y tenemos utilero, y cuando lo tuviste que usar de nuevo, estaba limpio y doblado, y si no, tenemos el alternativo. Para el próximo año todos tendrán colaciones en sus partidos, y así otros ejemplos. El cariño con el que lo hacemos y con el que los tratan los profes, hace que sea súper reciproco. Las instalaciones deportivas son buenas; los horarios son los mejores disponibles. Y si tienen certamen, tienen que darlo. A cada alumno le decimos: “Usted viene a estudiar acá; el deporte le va a ayudar pero usted viene a estudiar”. Así los tratamos. Y así resulta.
¿Extraña el básquetbol?
Mi labor es muy entretenida y cada vez tengo menos ganas de volver al básquetbol. De todas maneras, sigo jugando en el equipo de ex alumnos de la Universidad de Concepción y a veces en el equipo de ex alumnos de los Sagrados Corazones.
¿Pero descarta volver a ser entrenador?
No me niego a volver a la cancha, pero a estas alturas sería siempre con niños. Y bueno, mi hijo – de 14 años – está jugando básquet en su colegio y posiblemente el otro año en el club, y ahí voy a desplegar todo mi potencial de entrenador con él.
¿Y su hija?
No. Mi hija juega vóley. A ella la perdí, ¡jajajaja!
